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¡Madre
mía! ¡Madre del divino amor, no puedo pedir cosa
que os sea más grata ni más fácil de conceder
que el divino amor, concedédmelo, Madre mía! ¡Madre
mía, amor! ¡Madre mía, tengo hambre y sed
de amor, socorredme, saciadme! ¡Oh Corazón de María,
fragua e instrumento del amor, enciéndeme en amor de Dios
y del prójimo!
Un hijo
del Inmaculado Corazón de María es un hombre que
arde en caridad y que abrasa por donde pasa; que desea eficazmente
y procura por todos los medios encender a todo el mundo en el
fuego del divino amor. Nada le arredra; se goza en las privaciones;
aborda los trabajos; abraza los sacrificios; se complace en las
calumnias y se alegra en los tormentos. No piensa sino cómo
seguirá e imitará a Jesucristo en trabajar, sufrir
y en procurar siempre y únicamente la mayor gloria de Dios
y la salvación de las almas.
Oración Apostólica
Señor y Padre mio,
que te conozca
y te haga conocer,
que te ame
y te haga amar;
que te sirva
y te haga servir;
que te alabe
y te haga alabar
por todas las criaturas.
San
Antonio María Claret
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