|
No
basta adquirir los conocimientos. Esto es necesario, es ‘conditio
sine qua non’, si podemos decirlo así, más
no es lo esencial. Supuesta vuestra vocación, si sois llamados
al sacerdocio, debéis ser santos... Si no tuvieseis ánimo
de ser santos, os lo suplicaría, no queráis ser
sacerdotes… seríais unos infelices.
¿Qué os diré, pues? Una sola cosa: que seáis
santos. Al deciros esta palabra, no creáis que es un nombre
hueco -por decirlo así-, sino un nombre real: debéis
ser santos y proponeros serlo. Vosotros sois llamados ‘a
una santidad heroica’. ¿Qué digo? Nosotros
somos llamados no sólo a la santidad, sino a un estado
permanente de santidad. El estado religioso es el estado para
caminar a la santidad; pero para el sacerdocio es preciso ‘ser
santos ya’, y caminar sin parar y producir frutos de santidad.
|