El Señor me ha hecho gustar, y en abundancia, de todos los consuelos y sinsabores de los varios campos del ministerio sacerdotal: cura de almas, enseñanza, monjas, asociaciones, y últimamente fomento de vocaciones eclesiásticas, y de todo, esto último es lo que forma y formará mi gozo y mi corona. Si descendiéramos al fondo, al manantial de los sentimientos de nuestra piedad, encontraríamos que el origen de nuestro deseo del bien y del fomento de las vocaciones eclesiásticas, de que Dios nos dé muchos y buenos sacerdotes, ha sido nuestro instintivo amor a Jesús Sacramentado.
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