Postrémonos largo rato ante Jesús Sacramentado presente en la Eucaristía, reparando con nuestra fe y nuestro amor los descuidos, los olvidos e incluso los ultrajes que nuestro Salvador padece en tantas partes del mundo. Profundicemos nuestra contemplación personal y comunitaria en la adoración, con la ayuda de reflexión y plegarias centradas siempre en la Palabra de Dios y en las experiencias de tantos místicos antiguos y recientes.
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