No olvides que la tristeza es el mal más grave para el alma después del pecado, y el que obedece cumple la voluntad de Dios, y el que la cumple ya no puede tener motivo de tribulación. Es lo único que ambiciono en nuestros Operarios: que tengan alegría espiritual que es la salsa de un buen apostolado. Con cinco minutos de pensar en la eternidad y una visita a Jesús Sacramentado, desaparecen todas las melancolías.
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