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Un
día me miraste
como miraste
a Pedro…
No te vieron
mis ojos,
pero sentí
que el cielo
bajaba hasta
mis manos.
¡Qué
lucha de silencios
libraron en
la noche
tu amor y
mi deseo!
Un día
me miraste,
y todavía
siento
la huella
de ese llanto
que me abrasó
por dentro.
Aún
voy por los caminos,
soñando
aquel encuentro…
Un día
me miraste
como miraste
a Pedro.
Ernestina
de Champurcín 
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