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El sacerdocio en nuestra Iglesia adquiere diversas formas de vida pero una sola misión. Misión que proviene del amor de Jesucristo que ha querido rodearse de hermanos para seguir su propia misión de Buen Pastor porque sólo hay un sacerdote, Cristo, y todos nosotros somos colaboradores de su misma misión. Esta misión se transmite en el sacramento del orden. Y el sacramento del orden mantiene tres grados: obispos, presbíteros y diáconos. Pues bien, este año os invito a rezar por los presbíteros en la Iglesia diocesana. Como os decía el sacerdocio lo vivimos en diversas formas: en la vida monacal, en la vida consagrada o en la vida diocesana. Y todos lo realizan en muy diversas tareas: colegios, conventos, parroquias, universidades, barrios pobres,... La Iglesia diocesana y la parroquia, principalmente, ponen de manifiesto el ser de la Iglesia. Las comunidades reunidas en la misa del domingo presididas por el sacerdote en unión con el obispo y su presbiterio y con toda la Iglesia son IGLESIA AQUÍ REUNIDA. ¡Que maravilla! Es urgente que las comunidades no queden huérfanas de sus sacerdotes. Es urgente que el Buen Pastor cuente con sus hermanos para mostrar el rostro compasivo y misericordioso del Padre. Es urgente que las comunidades se reúnan en el nombre del Señor bajo la guía de sus pastores. Es urgente. Por eso, os invito insistentemente a la oración por las vocaciones sacerdotales en la vida diocesana. |
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